- El cielo en el horizonte ya dejaba ver los primeros rayos de sol. Esa intensa luz rojiza que tímidamente se abre paso entre las montañas y las nubes. Es esa misma luz la que hace brillar tu cabello, que lo enciende y que ilumina tu rostro cuando aún duermes. Debemos seguir y avanzar es hora de continuar con este viaje que nos ha llevado a mundos desconocidos a batallas sangrientas incluso a mí ya me ha costado una vida. Misma vida que tú me devolviste. Es tiempo de que  abras tus ojos, aunque yo tenga el presentimiento de que en este día el peligro nos espera, sabes que peleare a tu lado, sin importar lo que pase, sin importar lo que venga yo estaré junto a ti.

Nessa abre lentamente sus ojos mientras estira los brazos al aire y da un bostezo.

- Buenos días Finrod.

- Muy buenos Nessa, está listo el desayuno, en cuanto termines emprenderemos la marcha. Según recuerdo has dicho que el cristal esta en esa dirección. – señalando hacia el norte donde a lo lejos la neblina dibuja sombras difusas.

- Así es, por allá, hacia donde nace el sol. – Dice con la boca llena.

- Muy bien, destruiré el iglú y borrare nuestras huellas. – Se levanta y con una bola de fuego destruye el iglú.

- Como quieras. El desayuno está muy bueno, has mejorado tu sazón.

- Gracias. – Responde con una sonrisa tímida y un poco avergonzado.

- Bien ya termine, estoy satisfecha, muchas gracias Finrod. Ahora vámonos.

Y así emprendieron la marcha en dirección de donde nace el sol, la calidez de los rayos de este les levantaron el ánimo mientras caminaban sobre un manto blanco y helado. Caminaban por lo que parecía ser una gran planicie, solo unos cuantos arboles dispersos cambiaban el panorama. No les llevo mucho tiempo de caminata, pues antes de que el sol llegara a su cenit. Entonces ellos pudieron divisar a lo lejos una sombra que se alzaba majestuosa e imponente, y a cada paso que daban esta se agrandaba, y se iba descubriendo de a poco, tímidamente, cual mujer en su noche de bodas.

Al fin vieron completa su estructura cuando estaban aproximadamente a cien hombres de distancia de esta, se trataba de un alto castillo, con sus seis torres elevadas al cielo, que terminaban en una punta como de lanza, que lo hacen parecer desafiar al firmamento. Tiene también un gran número de ventanas, distribuidas a lo alto y largo de los muros. Al centro una gran puerta de doble hoja ricamente adornada, se levanta, y mantiene protegido el castillo de visitantes indeseados.

Cuando hubieron llegado a la entrada del castillo, y pudieron verlo de cerca, se percataron que no era del todo común, pues tanto el muro como la puerta estaban hechos de hielo. Tan duro como el acero, y más frio que la nieve que pisaban. Llamaron a la puerta, pero nadie respondió.

- Estoy segura que el cristal está adentro lo siento. ¿Cómo vamos a entrar?

- Pues el hielo se puede convertir en agua ese no es problema para mi bola de fuego, solo tendré que tener cuidado para solo dañar la puerta.

- ¿Y qué esperas?

- Anda, tranquila ya voy.

Ambos retrocedieron y Finrod conjuro una bola de fuego mucho mas grande de la que utilizo para derretir el iglú. Pero esta no causo ningún daño a la puerta que lucia intacta, tras el ataque del mago. Un segundo intento con una bola mas potente, y nada; un tercero, que dejo los mismos resultados que los anteriores. Cuando estaba a punto  de hacer un cuarto y desesperado intento la puerta se abrió por si misma, ambos entraron sin decir palabra.

A pesar de que era medio día y de la gran cantidad de ventanas, el interior del castillo era muy oscuro, mas oscuro que la noche misma, la negrura se tragaba todo rastro de luz, todo destello. A excepción de uno, el brillo del cristal permanecía.  Siguieron su caminata en la oscuridad, el sonido de la puerta al cerrarse los hizo voltear, la oscuridad los rodeo, entonce el cristal brillo con toda su fuerza iluminando radiante mente todo lo que había.

Para su mala suerte descubrieron que se encontraban completamente rodeados de demonios, en todas direcciones había enemigos, con miras llenas de odio y sed de sangre, el silencio parecía oprimirles es pecho y esto les causaba mas miedo que los mismos enemigos. Hasta que una risa profunda, potente y carente de sensibilidad resonaba en el lugar y hacia eco en las paredes.