La risa resonaba desde las penumbras de un pasillo del ala oeste del castillo. No se podía observar al propietario de aquel sonido frio y desgarrador, ya que se ocultaba en las sombras. Pero no era todo lo que escuchaban, también hacían eco unas pisadas, provenientes de la misma dirección. Estos últimos incrementaban su potencia al igual que las risas.
Después de unos segundos, que en realidad parecieron una eternidad. Se comenzó a vislumbrar una silueta, de lo que parecía ser un hombre deforme, jorobado y con una pierna más larga que la otra, lo mismo ocurría con los brazos. Y al alcanzar la luz su aspecto fue más grotesco si es que esto es posible. Abrió ampliamente su boca para que sus colmillos quedaran al descubierto, de su boca escurría baba, y despedía un hedor fétido a podredumbre. Vestía una armadura tosca y vieja, tenía una enorme hacha oxidada colgada en la espalda, que parecía estar ensangrentada. Dejó de reír, y observo fríamente a nuestros héroes. Y así estuvo mirando de uno a otro, de arriba abajo, juzgando, preguntándose miles de cosas, tratando de leer sus mentes, repudiando, más bien odiando. Pero de ese odio que se siente en la mirada, esa clase de odio que traspasa la piel, y que llega hasta el alma, ese odio desgarrado, que convierte tu vida en un tormento, y que a la vez es tu más grande razón de vivir. Finalmente fijó sus ojos en el cristal, miro el rostro de Finrod por un segundo, y después clavó su mirada en Nessa, con lo cual su ira pareció aumentar mucho más. Pero Nessa no se podía quedar atrás, y devolvió una de sus más feroces miradas, tal como si solo con eso podría dañar a este ser que tenía en frente, y que ya comenzaba a despreciar. Después de unos momentos, la bestia hablo.
-No puedo creer que un par de chiquillos hayan causado tantos problemas. Robaron el Cristal de Ormuz, vencieron a hordas de demonios, Derrotaron a Leviatán. Incluso tú chiquilla insolente, le devolviste la vida al inútil de tu amigo. ¿Cómo es posible que un insignificante mortal, como tú haga todo esto?
Nessa no responde solo mantiene su mirada cargada de repulsión.
Los Raukolie hemos buscado ese cristal por siempre, con ese poder seremos iguales a Ormuz y podríamos por fin terminar con todos los humanos y culminar nuestra venganza. Pero el cristal ya lo tuvimos una vez, lo encontró el más poderoso de nosotros. Astaroth el de los ojos vacíos. Esa vez un guerrero humano le hizo frente, debido a sus sentimientos puros y a su gran valor el cristal lo favoreció, dejando a Astaroth . La batalla la ganó el humano, y después rompió en pedazos el cristal.
Reunir el cristal parecía imposible, pero nuestras suplicas fueron escuchadas, y apareciste tu chiquilla. Después de que encontraste el trozo más grande, fuimos capaces de ubicar los demás, actualmente solo hay tres fragmentos. Uno lo llevas orgullosamente en tu cuello, otro más de igual tamaño lo tiene Demian, y el más grande de los tres actualmente. Esta incrustado en mi hacha, Esta hacha que está impaciente de hacerte añicos.
Así sin decir nada más el Rauko se abalanzó sobre Nessa, dejando una grieta en el suelo debido a su pesada hacha, su sed de sangre implacable se reflejaba en su desfigurado rostro.

